Tus ramas tocan el cielo, ¿están tus raices en el infierno?
Entiendo la fotografía como un arte y forma de vida. Me gusta encuadrar la vida desde el visor de mi objetivo, aunque todo se haga mucho más pesado. Es por eso que cuando vivo sin mi cámara tengo la mitad de mi en casa...y es que, ella está incluso cuando no queda nadie... Esto no es una historia triste.

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Marruecos

Marruecos despertó en mí una intuición confusa. Sentía mi corazón palpitar veloz envíando sangre dulce, que en segundos, se convertía en amarga. Salimos de Madrid con la furgoneta cargada de bartulos para nuestra aventura; quince días y más de cuatro mil kilómetros que recorrer. Viajamos hasta Algeciras -al parecer el mejor lugar para tomar el ferry hasta Ceuta, sin olvidarnos de comprar previsiones; Agua embotellada, ración de chocolate, cervezas, frutos secos y un poco de embutido para matar el gusanillo...

Cogimos el ferry a las once de la noche. La oscuridad del mar y el sonido de los grandes motores me impresionaban mientras el aire fresco despeinaba mi pelo y despertaba mi gesto adormecido. Primeras fotos y besos despidiéndonos del continente europeo. África nos espera y la tensión entre mi compañero y yo es palpable desde el principio: el viaje promete ser intenso. Bajamos de la cubierta del barco a su interior, por dentro parece un casino, y el suelo se mueve más de los que creemos. Mareooooo....vamonos fuera de nuevooooo....

Llegamos a Ceuta a media noche, cambiamos dinero y cogimos la autovía en dirección Tetuan. En la frontera, decenas de personas esperan a los turistas para ayudarles con el papeleo, los policías tienen cara risueña y al fondo un oficial registra un coche lleno de cachibaches. Hemos llegado a Marruecos.

La autovía -de reciente construcción y solitaria- nos aisla durante una hora del caos típicamente marroquí que se respira detrás de las vallas morunas. Tetuan es la primera gran ciudad que veo de Marruecos, es tarde pero el bullicio de una ciudad viva se mantiene intacto. Mercados sucios instalados por todas las callejuelas de su medina, individuos abandonados en oscuras esquinas, gatos que imponen su reinado a nuestro alrededor. Después de preguntar unas diez veces...conseguimos poner rumbo a nuestra primera parada: Chefchauen.

La carretera hacia Chauen es de película de terror, nos para la policía -que sorprendentemente se alegra de ver turistas y de poder prácticar el castellano...- Perros-lobos que nos ladran al pasar, campesinos que andan por la carretera...Aparcamos en Chauen entrada la noche, con mucho cansancio en el cuerpo y nos hospedamos en el Hotel Mauritania durante dos noches. Conocido por su buen rollo -llegamos a las 3 de la mañana y mi acompañante todavía tuvo el lujo de darse un paseo...no se sabe dónde, y no se sabe para qué). El hotel chapó por la tranquilidad, confianza, sobriedad y buen ambiente que respira. Aunque la gente vaya a ...fumar, y fumar...Chauen es un pequeño pueblo de montaña espectacular. Nuestra primera parada estuvo innundada de preciosas fotos, momentos inesperados (con sus burros, y sus tejedores de alfombras, sus peculiares y listos gatos, el sermon y lección de vendedor que nos dio Hamú..., las mujeres lavando la ropa en el río, la ermita en lo alto, el sol y las nubes...que salen y se esconden...)

En dirección a Fes cogimos la carretera de Ketama que atraviesa la cordillera del RIF (o el quif -lo que nosotros llamamos marijuana, hachile, chocolate...). El trayecto entre Chauen y Fes es muy emocionate. Los pequeños pueblos de carretera en los que los aldeanos se nos echan encima para vendernos hachis, nos quieren parar en la carretera...Esto...creo que nos están siguiendo. Adelantamientos de película, personajillos....grandes praderas, montañas y curvas...curvas y más curvas hasta llegar a la alta montaña. Allí los aldeanos venden hachis, pero sobretodo setas, o eso parece al parecer de las grandes bolsas con las que se ofertan en el arcen. Paramos hacer unas fotos...abre el puto coche....que me cago de miedo...

 Que setas más ricas nos vamos a cenar esta noche....¿eh?.....

Llegamos a Fes oscureciendo y con la cabeza como un bombo de tanta carretera.

 En Fes no paran de perseguirnos jovenes ansiosos, guías improvisados que ven en nosotros unos dirham fáciles a base de seducción y conversaciones intrascendentales. Acabamos durmiendo en mi palacio, en un Riad de segunda pero con un colchón duro y acogedor. En un precioso espejo enorme nos reflejamos.

Los habitantes de Fes se ríen de nuestras setas, pero nadie es capaz de explicarnos su utilidad. Comemos una hamburguesa al estilo marroquí, té...me quiero ir a dormir, el día ha sido demasiado largo..................

4 dia: Dirección Meknes.(Volubilis)

Nos despertamos temprano en la ciudad de Fes, tenemos el tiempo contado si queremos seguir nuestro itinerario. Pronto se nos unen dos jóvenes que se ofrecen a guiarnos por la terriblemente caótica medina de esta preciosa. Fes tiene fama por su factoría de pieles, el olor es fuerte y desagradable en las colinas donde el material se seca. Volvemos a la medina, uno de los chicos insiste en que vayamos a su casa, de repente, todo se vuelve caótico, aparecen cientos de niños, suena la llamada de la mezquita, los chicos desaparecen. Algo raro está pasando. La policía los ha cazado y tiene a uno de ellos retenido hasta que nos vamos, paliza al canto que los turistas no deben ver.

Conseguimos salir de la Medina, nos montamos en la furgoneta en dirección Meknes, allí nos esperan las ruinas romanas de Volubilis. Pero aquel día fue muy largo....y no sabíamos que acabariamos una noche más durmiendo en Fes.

La carretera hasta Meknes es una pista larga y recta. La población viaja a pie por la carretera y disfrutamos de un paisaje interior fabuloso. Nos detenemos a recoger a una mujer que espera desesperada en la base de una alta montaña. Sorprendentemente, la mujer con un shari de color azul y cientos de arrugas y tatuajes en su cara no se asusta de montar en nuestra furgoneta. No para de hablar, pero no entendemos nada. Intentamos chapurrear en frances, pero no nos entiende nada. Nos lleva a su casa, donde están sus dos hijas. La señora no para de agarrarse el corazón, de besarme de agradecimiento, nos invitan a zumo, té y pastas. De repente, las tres mujeres al uisono intentan explicarnos algo que tiene que ver con un pasaporte y unos papeles de trabajo. Fax, libia, fax....era lo único que podiamos entender; y Waja...(sí muy bien)

Mi compañero es mejor que yo en la interpretación de signos y consigue entender que necesitan enviar un Fax a Libia, por lo que debemos llevar a las mujeres hasta una ciudad donde se pueda encontrar un Fax. Misión: enviar fax a Libia. Volver a Meknes.

Allí me cogen del brazo las dos mujeres y después de dar varias vueltas siendo el punto de atención de toda la ciudad conseguimos encontrar una pequeña tienda con Fax. MISION COMPLETADA. Pero al volver a la furgoneta, se masca la tragedia. Dos hombres han jugado al despiste con mi compi y le han robado mi cámara de fotos. Desenlace fatal, perdida de 400 fotos tomadas hasta el momento, desilusión y frustración....con atardecer espectacular desde la colina donde vive nuestra familia, la que nos quiere invitar a cenar, pero yo sólo quiero huir de allí y gritar, gritar por mis fotos y por la impotencia...

Vuelta a Fes, no puedo continuar el viaje sin una camara fotográfica. El día ha vuelto a ser muy largo....y un poco trágico. Mañana será otro día, el día de comprar una cámara a la que me costaría adaptarme. Me despido de todas las imagenes, de todo el trabajo que he hecho hasta entoncés, de la mayor de las ilusiones y me voy a dormir agotada -en esta ocasión en la cama de la posada más mugrienta y mágica de Fes-.

Dia 5- Camino del desierto.

En el norte de marruecos la gente te mira con deseo, en el sur con humildad. Merzouaga y Efrou fueron las sorpresas de un país que mama de europa pero también de africa. Los pueblos se convierten en postales con grandes palmeras y lagos que sobreviven en un desierto de casas bajitas y mujeres con pañuelos coloridos. Parece imposible que a partir de allí no haya nada, nada más que fina arena que se levanta enfurecida por las tardes. Por las mañanas el sol convierte el desierto marroquí en un mar de oro sin sombras. Dormir en una Haima y levantarse enterrado en arena, sufrir el dolor de trasero que suponen tres horas a lomos de dromedario, días y días sin ducharse...

 Después de dos días más cerca del todo que de la nada, nos dirigimos hacia Marrakecht con una parada prevista por el camino; Las gargantas del Todra. Lugar privilegiado para escaladores y apasionados de las montañas. La tierra de los alrededores a las gargantas es roja enfurecida, las casas de barro y las mezquitas de color blanco. Al fondo, el gran atlas pintado de blanco. El paisaje es espectacular y el viento nos anuncia la cercanía de las altas cumbres. Un día largo de carretera, una noche larga de carretera...y a una altitud desesperada, por fin, encontramos el lugar donde dormir. Con la cabeza metida en el saco, la respiración nos calentaba en una habitación grande y sin baño, con polvo por todos lados y un casero que canta al amanecer.

Al despertar estamos en la montaña. Pequeños pueblos de hombres sentados y mujeres en la retaguardia. Se nota que la gente es de montaña, aunque nos sorprende una vez más la hospitalidad. Nos enamoramos de un paisaje blanco y espectacular, de grandes prados verdes y un cachorrito que nos quieren regalar, pero que no está muy por la labor de cambiar su vida de perro de montaña por perro de ciudad. Listo perro, sí, y encima precioso.

Nos despedimos de nuestro cachorro con pesar, con la rabia de un niño al que no le concedes un capricho.

Próxima estación: Marrakecht

 La caótica ciudad de Marrakecht agotó las que eran nuestras últimas gotas de paciencia. Los aparcacoches improvisados, los bancos que no dan dinero, la lluvia, los niños que esnifan pegamento... sumado a más de dos mil kilómetros de viaje nos arrancan nuestro lado más salvaje. Nos enfadamos, nos gritamos...y al final, nos quedamos sin bateria para las cámaras. Pasamos tan sólo una noche en aquella ciudad en la que estipulamos las tres cosas obligatorias que un hotel-hostal-o casa de perro cualquiera- debe tener para ser aceptable:

1. Ducha de agua caliente, 2. Electricidad (para cargar baterias) 3. Papel higiénico

La plaza Jema’ el Fna es el centro vital de Marrakecht. Multitudes que se mueven de espectaculo en espectaculo. Grandes telones acogen comida típicamente marroquí. Nos ponemos las botas...biennn...ya era hora!!! tenía hambre...Hacemos compras, nos reimos con los vendedores, nos perdemos por su bazar y finalmente damos un paseo hasta nuestro Hostal. Dejamos Marrakecht al despertar, nos dirigimos a Imil (pequeño pueblo situado en la falda del pico más alto de Marruecos -El toubkal) Nuestra misión: alcanzarlo.

Un hombre y un burro me ayudan a cargar con la mochila hasta que el camino se convierte en nieve. Solo nieve. El paisaje es espectacular y la luz se cuela entre grandes picos proporcionandonos un momento único de contacto con la naturaleza. Hace frío y empieza anochecer. Por fin vemos el Refugio Neltner, y su aparición me devuelve un suspiro de fuerzas que ya creía haber perdido. Cada vez me pesan más las piernas, me hundo más en la nieve y la mochila me desestabiliza. Llego al refugio agotada (mi compi iba sobrado) y me quedo inoptizada a la vera del fuego, rodeada de aldeanos y algún que otro loco -un par de polacos y un galés- que comparten literas en nuestra habitación. Dormí congelada con la aceptación de que aquella no era la ocasión para copar el Toubkal. Hay demasiada nieve y no me siento preparada ni física ni en cuestión a material para hacer el trekking de unos diez kilómetros que se alza en las espectaculares montañas que rodean el refugio. 

Desilusionada y enfurecida me dispongo a descender. Por el camino el pesar se convierte en pasar. Una genial experiencia para sentirse montañista por un momento. Eso sí, demasiado duro. No pude sacar la cámara de fotos en todo el camino. 

 Ultima etapa: Essaouira

Después de diez días de viaje donde la prisa mata llegamos a la costa marroquí. La primera impresión y viniendo del interior nos desilusiona por su faceta desarrollada y europea. La avenida principal se parece a Puerto Banús con sus grandes complejos y sus fachadas llenas de estrellas. Volvemos a tener problemas para sacar dinero, y la desesperación nos acoje nuevamente en la ciudad costera. Primeros instantes tensos.

Finalmente, y con dinero en el bolsillo, Essaouira nos da la calma y paz que -por lo menos yo- hacía días que necesitaba. Su medina nos encandila con su brisa marina, sus gatos y nuevamente la hospitalidad de la población. Nos volvemos locos haciendo fotos en el puerto -con sus gaviotas y pescadores-, el último Tajin...y triple!

Repaso de un viaje de grandes emociones, fotos ...dirham foto!! baila muñeira en la plaza...corre, corre!! cosquillas!!!

La vuelta...muchas horas, esa quizá es otra historia....



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